la almohada y te echas a llorar
si tú no sabes cuanto mal
te hará la soledad.
Pasado los 25 años, para muchos debe ser un lío estar solo o, al menos no haber alcanzado una relación que pudiera durar más allá de nueve meses. Podría ser mi caso. Sin embargo cabe preguntarse ¿De dónde sacamos la idea aquella? Eso de tener que estar acompañado para estar bien. Que, si no tienes una pareja es porque algo anda mal en tu vida, tienes problemas al relacionarte, o simplemente tienes un ego tan grande que no puedes compartir un lapso importante de vida caminando con alguien más. Todo eso es factible, lo sé; pero no es la única excusa de la soledad, o acaso no hemos reparado que las personas que hacen sentir tal efecto, coincidentemente están emparejadas. Entonces preguntémoslos nuevamente ¿No es posible sentirse bien estando solo?
Alguna vez pensé por determinadas circunstancias, en caminar por la calle con mi sombra por un buen tiempo, lo logré por más de año y medio. Una difícil y ventilada ruptura me había ubicado en un sitio en donde era mejor reconciliarse consigo mismo para sonreírle a los demás. En ese momento no entendí jamás eso de sacar un clavo con otro clavo. No es madurez, sólo es respeto; ni siquiera con el que se fue, sino consigo mismo.
Este tema es frecuente en una mesa de solteros. Mi departamento es fiel reflejo de ello. Nuestra temprana y avanzada versión de “tres son multitud” nos lleva (después de un par de copas de vino blanco) a defender (dentro de la aceptación) nuestra posición. Motivos no faltan. No es cosa de salir a la calle y subirse al vagón del metro y proponer una cita por la noche a beber algo y ver si es tu otra naranja y, si la suerte definitivamente para en nuestro portal… las cosas son más difíciles que eso, y con menos héteros que quedan para las chicas, y menos honestos dentro de los gays, el panorama no es muy alentador, pero no del todo desechable.
Cuando menos lo esperas, y más mal te sientes las cosas parecieran resultar mejor. Por lo general me pasa que mientras menos expectativas tengo con algo, mejor resulta. Esta vez era una fiestecilla, y yo me presenté ante mi dúo favorito con la misma ropa del día y un accidente en la ducha diez minutos atrás que casi me hacia arrastrar la humanidad. Llegamos y a los segundos los perdí de vista. Así es el amor, y así es estar solo. Me fui por un cóctel y me saqué los lentes. Al final de una barra alguien comentaba algo de mi, lo noté, me volteé, me fui… no vi nada, así es la ceguera. Una hora después y justo antes de irme llegó a mi lado, me sonrió. Mostré mi copa en señal de brindis. Correspondió al gesto. Y ahí quedamos; faltaban dos canciones para comenzar a hablar... ¿Qué tal si nos cuestionamos esto de la soledad?
2 comentarios:
Que tiempo aquello'
me muero por leer las partes venideras
atentamente: el pendejo (BAAAH!)
ay mario querido, esa canción me trae muchos recuerdos de mi época prepuber ahahah.
la soledad por opción suele gustarme (reitero, por opción). verdaderament el panorama está difícil jajaja, i aunque mi naranja no aún no tenga la mitad que busco, en general la vida me sonrie :)
me gusto la foto de la radio antigua, me reciuerda a una que saque hace algún tiempo en las ferias de antiguedades de la plaza perú, seguramente las recuerdas.
aunque la forma es menos importante que el fondo, me pediste que revisara; tengo entendido que después del "sin embargo" va una coma i que el qué de pregunta va con tilde.
sólo eso, lo demás mui bien :)
cuidate mucho, con cariño vicki.
Publicar un comentario