jueves, 31 de mayo de 2007
track nº 7 / DESPIDETE CON UN BESO / buddy richard
No tienes que decir
Pues ya lo comprendí
Se que te alejas
Y debo quedar sin ti
No te preguntaré, pues yo me lo busqué
Mía es la culpa
Acércate y escúchame…
Siempre quedan interrogantes, frases que se dijeron y otras que no, jugadas bajo la manga que jamás se hicieron y situaciones que se soñaron y jamás llegaron. Las eternas “pasadas de películas” que se te ocurren en los viajes de micros y que no sucederán; las oportunidades de realizarlas se perdieron ¿Por qué?, la respuesta es simple: Porque vuelves a estar solo, en definitiva, no hay con quien realizarlas.
Cuántas veces estamos en una fiesta o caminando por la calle, sentados en un café, y ese perdido sujeto en cuestión vuelve a aparecer. Cuántas veces hemos querido parar de bailar, dejar de caminar, o pararnos de la silla para saludar y, finalmente cerrar el círculo tal cual como debe ser en el término de una relación de personas civilizadas. En mi caso puedo contarlas con los dedos de la mano. Por una parte consideremos que de relaciones tampoco se mucho, he tenido unas cuantos pololeos serios en mi vida, y no he sido de tener “amigos” por aburrimiento o temor a la soledad; y por otra, puedo lavarme las manos que ningún final infeliz ha sido provocado por mí; aunque ¡alto! He aquí el principal error ante estos casos: uno nunca se cuestiona en primera instancia, hasta dónde podemos llegar a ser responsables de lo que nos está sucediendo… ¿Es normal acaso que siempre la culpa sea de los demás?... Ante esto, el primer factor que desemboca en los rompimientos de relaciones es la falta de valentía para decir cuatro cortas palabras: “ya no te quiero”; pues bien, es verdad que puede sonar a desgraciado y oler a una dureza olímpica, sin embargo las verdades duelen menos que un racimo de mentiras, más aún cuando éstas son mal contadas.
Me he, y he preguntado ¿Qué esperamos cuando terminamos una relación? Entre las respuestas que más escuché repetir, por no decir un absoluto empate fue: “haber aprendido algo y mirarlo del punto de vista de que no perdí el tiempo” otros piensan en haber evolucionado en términos de aprender a relacionarse y yo aporto la idea de que siempre, no sólo en las relaciones amorosas, estamos aprendiendo algo, no sólo de nosotros mismos, sino de las personas como especie. El comportamiento humano, ése que nunca dejará de sorprendernos. Lo que da vueltas a la vida como la tierra rotando ante el sol.
Recuerdo haber planteado esta problemática antes, recuerdo que siempre, cuando algo termina y una nueva etapa comienza, ésta idea se me viene a la cabeza, recuerdo también lo que me decía Alex alguna vez “que bueno sería poder saludar con satisfacción a las personas que alguna vez estuvieron con uno, mal que mal en ellos está una parte de nuestra historia, y eso, ningún desprecio podrá borrarlo”, entonces ¿En qué estamos para no hacerlo? Es cierto que en medio de todo esto se plantea la estúpida idea de perder cierta dignidad, y presentarse como alguien que no es capaz de superar las tristes verdades del fin del amor, pero después de un tiempo cabe preguntarse ¿Sirvió de algo tanta arrogancia? Cuánto se gana, cuánto se pierde. No es tan terrible dejar de amar, no es más terrible que dejar de mirar con complicidad…
Por eso, y por todo lo que las relaciones que han terminado y no fueron lo que en un principio se quiso, porque existe la posibilidad volver a encontrarse, y que los amigos de ambos se miraren para ver si pueden estrechar sus manos sin que ninguno de los dos les mire feo, porque es cierto e indiscutible, ambos se llevan una parte de sus historias; por eso, creo que a pesar de todo, es mejor despedirse con un beso.
lunes, 21 de mayo de 2007
track nº 6 / PARA NO OLVIDAR / los rodriguez
"Sólo sé que no sé nada de tu vida,
sólo me colgué una vez en el pasado.
Presenté mis credenciales a tu risa,
y me clavaste una lanza en el costado.
Creo que no te dejé jugar con fuego,
sólo nos dijimos cosas al oído.
Y si un día te encontrase una mañana,
será posible,
será dormido..."
(ULTIMO CAPÍTULO 1º TEMPORADA)
Parece que el miedo ha conquistado mis ojos negros, diría una canción muy antigua de Miguel Bosé. Esas letras latinas que sonaban en la radio mientras crecía, cuando no tenía idea de lo que en estos momentos estaría pasando. Quizás Bosé tenía tanta razón como Los Rodríguez, a quienes cito esta noche por encargo de Lorena, quien me prestó la letra de esta canción para situarme en lo que está sucediéndome; pues en la vida estamos constantemente identificándonos con las cosas que nos rodean. Recuerdo la primera vez que llegué al departamento donde vivo en Santiago, el olor del pasillo me recordó la primera vez que fui a esa ciudad, cuando mis tíos vivían en Huérfanos con Riquelme, lugar que paradójicamente está en frente de donde vive José Luis.
El miedo existe, está a la vuelta de la esquina, muchas veces se nos opone, nos limita, nos elimina. El miedo no tiene olor ni sabor, pero está en todos ellos. El miedo de estar o irse, de jugárselas a pesar de todo… los miedos otorgados, porque todos tienen una historia con nosotros. Si hoy tengo miedo, es porque algo lo provocó anteriormente, y a pesar que lo creía superado, esta vez ha vuelto a rondarme. Es cierto, alguna vez me enamoré, y me encantaría que volviera a suceder, no por ello me enamoraré, no ahora, no es el momento, he pensado en esto por horas, he decidido que sea, tal como debe ser, sin oponerme ni esforzarme, tal como la primera vez. En eso, cuando el suspiro ha dejado el latir del todo, suena el celular, y una voz de miedo me habla, me dice que todo está bien, pero es por mí que quiere contarme, que no es su estilo (le creo) pero soy su amigo y esta es su forma de protegerme. Ahora, después de colgar, el tema no es si José Luis estaba o no con otro, si están saliendo o si se conocían antes de mi, si la verdad es que sólo las mentiras existen, y que con ellas convocamos todo. El asunto es más allá y no es mi intención explicarme la vida a través de esto. Hay historias que se tejen en base a equívocos, hay castillos que se construyen sobre el aire, hay pasiones que se consuman con sólo una mirada, hay personas que pueden volver, otras que se pueden perder, son también posibilidades.
A una semana de venirme de Santiago con José Luis hablamos sólo una vez, no he sabido más... Entonces creo en lo que dice Lorena, uno no puede pedir más de lo que está sucediéndonos; más aún si esto fue conversado así en su momento. Obligarse, sería tan absurdo como pololear después de la primera cita… cuando pasa esto (y en mi caso: postrado en cama), no hay mucho que hacer. Mientras tanto recuerdo cuántas veces. Los porrazos, las heridas, las historias ajenas, los cuerpos perdidos, las memorias olvidadas y los pasajes que intentamos superar como dignos héroes de nuestro simbólico esfuerzo por compartir nuestras vidas. Del todo, siempre queda algo, por más que queramos evadir ciertos lugares para no ser encontrados, por más que eliminemos de msn o cambiemos de número del celular; siempre que da algo para no olvidar. Esta vez es simple, no debo olvidar que he crecido y que la pena no es la misma, que el que cruza el río no se moja y que al fin de cuentas sólo uno puede enfrentar sus propios miedos.
Al fin y al cabo, lo mejor es poder seguir. Por eso conectaré mi nuevo ipod y me iré a la cama a seguir con el reposo. Porque esta historia y su final no la sé, me la contaron, y a veces pienso que ni siquiera es mía. Se me ocurre que lo que vendrá... es una canción que aún no encuentro.
domingo, 20 de mayo de 2007
track nº 4 / CUANDO PASE EL TEMBLOR / soda stereo
"Estoy sentado en un cráter desierto
Sigo aguardando el temblor en mi cuerpo
Nadie me vio partir, lo sé
Nadie me espera..."
En Concepción, sintonizando una canción de radio me encuentro, he cambiado de dial una y otra vez, he visto la televisión y la Bolocco me aparece hasta en infomerciales. Quiero entrar en Internet pero lo haré después de terminar esto. Hace dos semanas me diagnosticaron hepatitis, la semana descubrieron que era tipo A. Este tipo de enfermedades se transmite por relaciones sexuales, alimentos mal manipulados o exceso de alcohol; éstos dos últimos creo (por lo factible del asunto) son los culpables. Durante cincuenta días estaré sin sexo, sin alcohol, sin cigarros, ni besos en la boca, así que considerando el panorama decidí empezar a escribir nuevamente. Escribir de lo humano y lo divino como diría mi madre, de lo sucedido pero más intenso como en mi cabeza, de lo que no pasó ni sucederá como en mis sueños.
El último viernes por la tarde en Santiago, llegaron desde el sur las sillas de los años sesenta que habían en la casa abuela; un poco más tarde llegó Milly (compañera y amiga de la vida – depto) que también venía viajando, dispuesta a celebrar su cumpleaños esa misma noche. Todo estaba listo desde semanas y era sólo montar lo que faltaba. Macarena se encargó de las comidas y yo de convertir la recepción y el living en el mejor club de Santiago. Esa noche faltaría Claudio que estaba en el matrimonio de su hermano en Antofagasta y Alex que se despide de su ciudad; irían nuestros más amigos y además, por si fuera poco, momentos antes el chico – sicólogo - esquivo me había dicho que lo esperara…
La semana que vino después fue extraña. Estar en cama todo un día definitivamente no es lo mío. Lo único que me permite sobrellevar la situación es la visita de los míos y una buena colección de películas y revistas de moda que ver. Todo cambia, la dieta, los panoramas, la cara, el color de la piel y el ánimo. Por las mañanas ni la visita de Kate Moss arreglaría mi semblante, nada. Esa semana fue como un lapso de vida entre un asunto y otro, un largo letargo como serán todas las que vienen más adelante. Para más remate, nuevamente el susodicho vuelve a perderse, el celular muerto y ningún rastro más que un beso en el cuello de despedida esa noche de viernes. La situación podría empeorar aún más sino fuera porque el miércoles se aparece en mi citófono a las 12 de la noche pidiéndome un té. Le abro la puerta y al entrar lo noto extraño. El té servido y sentados en el living nos callamos por un buen rato. Un abrazo llevó el sueño a la cama. Así dos días. Con doctor en casa cualquiera se recupera, pienso. Si sólo bastara creer en todo esto. Mierda. Dónde me ha llevado la desilusión.
Ese viernes, una semana después del cumpleaños nos levantamos, desarmé mi cama por completo. Hice mi maleta y almorzamos juntos nuevamente. Cerramos el departamento y partimos. En estación Universidad de Santiago estaba Milly esperándome, después de un beso y las últimas instrucciones para el reemplazo que está haciéndome en el trabajo partí rumbo a donde estoy. Concepción. Desde acá el tiempo ha pasado raudo, la incertidumbre de todas las situaciones que adornaron la gestación de este virus maldito me ocupan los dedos para tipear esta historia. Me vine y acá estoy, donde siempre empecé.
miércoles, 16 de mayo de 2007
track nº 4/ SI PUEDO VOLVERTE A VER / miguel bosé con benny ibarra
En cuanto puede se me escapa
Del aire cuelgan mis suspiros... y es
así de simple, así de grande
es algo que...no consigo no querer
Y no me cabe mas paciencia
estoy cansado de morderme el corazón, no puedo mas
si es el destino que me rompa a estas alturas,
que me parta de una vez
A las cinco y media de la tarde sonó el celular y corrí. Los pasos se hacían interminables, parece que este chico me gusto mucho o estoy muy solo por la vida; me quiero quedar con la primera alternativa, es más factible. Llegué al timbre aquél que me llamaba desesperadamente. En el visor: Angela, mi ex compañera de la Universidad, traía un panorama nocturno. A eso de las doce y media pasaron por mí y con el desánimo que me representaba en el vestir y la cara, salí raudo a ponerme a tono con la situación. No podía quedarme otra vez esperando a que sonara el celular. Hay una observación que ya había hecho al respecto: “vamos l-e-n-t-o-s”. No hay de que alterarse. Saqué ánimos y salí, me fui raudo con ella y su novio Héctor, mi pareja hétero del momento (Que yo presenté. Lo que me sitúa como una especia de cupido que le sirve a todos menos a sí mismo…) a una fiesta electrónica privada en Santa Isabel.
Una hora y media después quería irme. Algo estaba mal, no era mi sombrero de Santiago del Valle ni la gente a mi lado. El alcohol me estaba haciendo sentir pésimo y no soportaba el humo del cigarro. ¿Estaba volviéndome viejo en una hora de fiesta?. No podía ser. Nos fuimos. En mi departamento seguimos con unas copas de vino blanco bailando solos. La mañana siguiente no me podía el cuerpo y me sentía aún más fatal. No me levanté de la cama sino para ver a Anita María, y pedalear las bicicletas en la tarde. Junto a un jugo de frambuesas y tras contarle todo lo que pasaba con el chico - Sicólogo que me tiene mal de la cabeza, decidí que al día siguiente debía ver un médico.
En casa a eso de las cinco de la mañana suena el celular, y al contestar dormido escuché su voz. Tartamudez total, ineptitud de enunciar palabras, el sueño, un plop! haría Condorito. Era él. La noche lo llevó a marcar (cosa que dijo jamás hacía) y que no podía dormir aún, que se acordó de mi y nada, lo demás lo corté con un par de frases que no recuerdo bien. Esa misma mañana una hora después cuando me levantaba sintiéndome aún peor recordé la llamada, me miré al espejo del baño y resolví pensar que había sido un sueño, aunque no hay peor mentiroso que el que no “se” sabe mentir…
A las cinco de la tarde volvió a llamar y yo estaba desvanecido en el sofá. En veinte minutos apareció en mi citófono diciendo que había llegado. Al abrir la puerta me abrazó, me dijo que él ya estaba mejor y que ahora había que preocuparse de mí. Camino al médico llegó a mis manos con un chocolate caliente y un par de besos en el cuello. Uf! Si tan solo no me sintiera tan mal… en la consulta lo quise ver mejor, más de cerca, sin la distancia que provoca el ser tan incrédulo y desconfiado. Y me gusta; sí, me doy cuenta que me gusta mirarlo. La nada que le conozco me gusta y, mientras escucho mi nombre por altoparlante para pasar al médico, siento una necesidad enorme de saberlo todo con respecto a él.
Ya en cama y con una licencia por ocho días, no tenía algo más que preocuparme sino en reposar. Desde que vivía en Concepción que no iba a la Fuente Alemana por un buen sándwich, desde el siglo pasado no me invitaban a "un algo" y desde hace mucho tiempo no me pasaban estas cosas. ¿Seré capaz de soportar una hepatitis y un mes en cama?, no se; mientras tanto lo único que me hace sonreír al dormir es que mañana lo volveré a ver.
martes, 15 de mayo de 2007
track nº 3 / LENTO / julieta venegas
Dame tiempo para darte
Todo lo que tengo
Una buena cita puede traducirse a lo siguiente: Viernes por la noche, haciendo hora para no llegar tan puntual, Baires y Blondie snack bar, buena conversación, dos cócteles, una mirada buscando la otra, un roce de manos sobre la barra del bar.. Bien. A sus 31 años se ve mucho más joven, le digo que me encantaría llegar a su edad tal cual como está, a penas las palabras salen de mi boca quiero hundirme porque no se de su conformidad al respecto. Eso de la torpeza es mi herramienta de doble filo a la hora de la cita, una desgracia con gracia. No se si lo estoy haciendo bien, pienso en todo y los cálculos que hacía en la tarde para parecerle simpático e inteligente se me van por la borda. Unos tragos más y me olvido de todo. Que fluya. Me entrego. En eso comienzo a ser yo mismo, ¿o siempre lo he sido? Quiero reírme y lo hago, no temo en decirle un par de frivolidades, total esta noche la terminaremos escuchando a Paloma San Basilio, café a media noche luz de velas incluido, y tras la despedida con un beso de “nos vemos pronto” tocándome el rostro con sus manos antes de subirme al taxi, me voy en él pensando que ahora que estoy solo otra vez, me volvió el frío al cuerpo…
Un fin de semana fatal puede traducirse de la siguiente forma: Después de una buena cita, de esas que ya no esperabas porque creías extinguidas, amaneces con el celular en la mano viendo si ha llamado. Por sorpresa nada, por sorpresa quizás sólo soñaba. Por eso en este caso decidí hacer cualquier cosa, pero hacer algo. Partiendo por tomar el desayuno con Claudio y Alex en mi dormitorio contándoles pormenores, y terminando la tarde con una llamada que me decía que esta noche no nos veríamos. El comienzo del odio personal. ¿Qué acaso no estaba bien solo? ¿No te basta ya con la demostración de una noche? Se me olvidaba el gran detalle, el error que siempre he cometido, eso de ir tan rápido…
Un comienzo de semana desgraciadamente fatal puede traducirse a lo siguiente: La persona que propició la excelente cita del viernes amanece accidentada el domingo y no puede moverse; ha perdido sus documentos y yo no puedo hacer nada al respecto más que lamentarlo y acompañarlo. En casa está lo de preparar el trabajo de la semana, y acomodarse a todo esto que está pasando. Es verdad que la mayoría de las veces termino alterando el proceso por lo cual nunca llego al producto, las relaciones se me escapan de las manos o mis manos hacen que las relaciones se me escapen. Anyway. El celular suena tarde mal y nunca y decido llamar, me entero de cómo está y vuelvo a lo mio. Me acuerdo de que tengo que acostumbrarme al frío, ya estamos en época. Mañana veré si lo llamo, o veré mi celular si suena. Algo me dice que el karma esta rompiéndose, esta vez hay que ejercitar el aprendizaje. Vamos lento, lento por las piedras diría mi abuela.
lunes, 14 de mayo de 2007
track nº 2 /LA SOLEDAD / laura pausini
la almohada y te echas a llorar
si tú no sabes cuanto mal
te hará la soledad.
Pasado los 25 años, para muchos debe ser un lío estar solo o, al menos no haber alcanzado una relación que pudiera durar más allá de nueve meses. Podría ser mi caso. Sin embargo cabe preguntarse ¿De dónde sacamos la idea aquella? Eso de tener que estar acompañado para estar bien. Que, si no tienes una pareja es porque algo anda mal en tu vida, tienes problemas al relacionarte, o simplemente tienes un ego tan grande que no puedes compartir un lapso importante de vida caminando con alguien más. Todo eso es factible, lo sé; pero no es la única excusa de la soledad, o acaso no hemos reparado que las personas que hacen sentir tal efecto, coincidentemente están emparejadas. Entonces preguntémoslos nuevamente ¿No es posible sentirse bien estando solo?
Alguna vez pensé por determinadas circunstancias, en caminar por la calle con mi sombra por un buen tiempo, lo logré por más de año y medio. Una difícil y ventilada ruptura me había ubicado en un sitio en donde era mejor reconciliarse consigo mismo para sonreírle a los demás. En ese momento no entendí jamás eso de sacar un clavo con otro clavo. No es madurez, sólo es respeto; ni siquiera con el que se fue, sino consigo mismo.
Este tema es frecuente en una mesa de solteros. Mi departamento es fiel reflejo de ello. Nuestra temprana y avanzada versión de “tres son multitud” nos lleva (después de un par de copas de vino blanco) a defender (dentro de la aceptación) nuestra posición. Motivos no faltan. No es cosa de salir a la calle y subirse al vagón del metro y proponer una cita por la noche a beber algo y ver si es tu otra naranja y, si la suerte definitivamente para en nuestro portal… las cosas son más difíciles que eso, y con menos héteros que quedan para las chicas, y menos honestos dentro de los gays, el panorama no es muy alentador, pero no del todo desechable.
Cuando menos lo esperas, y más mal te sientes las cosas parecieran resultar mejor. Por lo general me pasa que mientras menos expectativas tengo con algo, mejor resulta. Esta vez era una fiestecilla, y yo me presenté ante mi dúo favorito con la misma ropa del día y un accidente en la ducha diez minutos atrás que casi me hacia arrastrar la humanidad. Llegamos y a los segundos los perdí de vista. Así es el amor, y así es estar solo. Me fui por un cóctel y me saqué los lentes. Al final de una barra alguien comentaba algo de mi, lo noté, me volteé, me fui… no vi nada, así es la ceguera. Una hora después y justo antes de irme llegó a mi lado, me sonrió. Mostré mi copa en señal de brindis. Correspondió al gesto. Y ahí quedamos; faltaban dos canciones para comenzar a hablar... ¿Qué tal si nos cuestionamos esto de la soledad?
domingo, 13 de mayo de 2007
track nº 1 /NO ESTAMOS SOLOS / casanova
Es un ciclo eterno, vuelve a comenzar
Años pasarán, a través del mundo
Juntos los dos…
Si tú supieras cuanto te esperé
Tantas mañanas, hasta llegar a ti…
La noche que caminaba por Vicuña Mackenna con Claudio, me llevó súbitamente a llamar a Alex. Entusiasmados de recordar el último fin de semana que pasamos los tres en Concepción, me sorprendí con la mano en la boca tapando un secreto que ya había sido descubierto… De alguna forma nuestros padres siempre saben lo que uno es, y por más silencios se otorguen para probar hasta dónde llega la tolerancia o el cinismo, no faltan los detalles que dejamos pasar, que nos hacen volver atrás, empezar de nuevo, la misma historia que te explicaste hace años y ahora debes hacerla entender a quienes más cerca de ti han estado. Hola mamá: soy gay.
El domingo Alex estaba en mi mesa almorzando contándome todo. Nuevamente la catarsis y volver atrás. Esta vez mejor, con más disfrute. Sus ojos envueltos cuidadosamente en lágrimas hicieron contener las mías. Un abrazo, quizás no tan grande como había sido el que su madre le dio una tarde mientras estaba recostado en su casa diciéndole que ya llegaría el momento de conversar terminaba el tema tras un suspiro de reconfortamiento. Esa tarde con Alex, la pasamos conversando, así nos hemos llevado por diez años. El amigo que más me ha durado, el más viejo de todos y el que con mayor fundamento podría hablar de mí.
Claudio que también es de Concepción, es mi amigo hace siete años. Lo conocí en EJE del Colegio Salesianos, después de algunas fiestas nos hicimos amigos, atentos uno del otro hasta perdernos la pista cuando él se fue a Viña mientras yo terminaba la Universidad. Nos reencontramos hace dos años, en la casa central de la Universidad Católica cuando yo fotografiaba a Cristian Warnken para una revista, desde ese día no nos perdimos más. Suele pasar que hay amigos que siempre están a pesar del tiempo y las distancias, del olvido y las ocupaciones diarias. Se me viene a la cabeza esa frase que dice que la vida es lo que pasa por tu lado mientras estás ocupado haciendo otras cosas, la verdad es que la vida es lo que te pasa en tan pocos minutos, que se convierten en lo que jamás quieres olvidar mientras sigues ocupado haciendo otras cosas…
Una noche de esas, de la semana que estuvo Alex en Santiago se reencontró con Claudio después de un beso en Concepción. Siete años habían sido mis amigos, cada uno por su lado en sus propios escenarios y esta vez compartían el mismo. Esa noche decidí dejarlos en Tomodashi, y acostarme temprano. Esa noche me di cuenta que era mejor dormir, porque lo peor ya había pasado. Cerrar los ojos y de vez en cuando dormir, tentar la suerte y volver a ver la luz, ver que todo está en orden y que jamás se está solo, aunque al otro lado de la cama no haya a quien abrazar.